domingo, 26 de junio de 2016

EL FEO ROSTRO DEL TERROR

José M. Izquierdo

La amenaza más peligrosa del terrorismo Islámico radical, son precisamente los “Terroristas solitarios”, (Lobos Solitarios) eso lo aseguró el Secretario De Defensa de los EEEUU, Ashton Carter. El peligro radica, en que esta condición anónima, hace sumamente difícil para las agencias de inteligencia identificar y prevenir un ataque. Los ataques de un “Lobo solitario”, no son ordenados directamente por un grupo terrorista, pero sin lugar a dudas, lo ejecuta alguien que fue entrenado e influido por alguna organización terrorista y en él, está presente la ideología criminal y asesina de los terroristas que lo inspiran y apoyan.
 
Después que los “Lobos Solitarios” han actuado en los Estados Unidos dejando con sus ataques una secuela de sangre y dolor, La Casa Blanca hace un esfuerzo por desvincular la responsabilidad de los conocidos grupos terroristas, intentando sembrar la opinión entre los estadounidenses, que estos ataques no están vinculados al terrorismo islámico organizado. Obama alega también que nombrar al terrorismo como; “Terrorismo Islámico Radical”, no hace una diferencia en los resultados, pero tampoco hay una razón para negarse a llamar por su nombre a un enemigo que está claramente identificado. Identificar al terrorismo por su nombre y saber con claridad quienes son nuestros enemigos, permite combatirlo con más efectividad. Es cierto que no todos los que profesan y practican el Islamismo  son terroristas, pero también es cierto que las personas que defienden el “Mensaje de Paz” del islamismo, son opacadas por las acciones criminales de los grupos que imponen su doctrina por medio de la violencia.
 La lucha contra el terrorismo o terrorismo islámico radical, no es un problema de demócratas o republicanos, de estados Unidos y Europa o de un país de cualquier otro continente o región por separado, es un conflicto de culturas donde una ideología radical intenta desplazar todas las otras culturas, modos y estilos de vida, para imponer al mundo su cultura y fe a través de la violencia, sembrando el terror en los países occidentales que ellos consideran sus enemigos. Por eso, la lucha contra el terrorismo tiene que contar con la unión y la voluntad de todos los países accidentales comprometidos y amenazados.
Sabemos cuál es la raíz del terrorismo islámico radical y el odio que los inspira, donde están, quienes son, cuáles son sus objetivos. Pero a pesar de eso, el mundo occidental no muestra la voluntad necesaria para  unirse y detenerlos, aunque si tiene la capacidad de hacerlo. Los terroristas nos hacen sentir inseguros en nuestras casas, en nuestros países y en cualquier rincón del mundo. Pero les permitimos imponer y expandir sus doctrinas en nuestros países, sin que tengamos la posibilidad de hacer lo mismo en sus países de origen para contrarrestarlos. Nos traen terror, crimen y dolor, pero no los combatimos con efectividad. Es que somos parte de una generación, que avanza ciega al suicidio de los valores y principios que representa y práctica, que debemos permanecer pasivos, ante una doctrina que nos invade por la fuerza y nos impone una cultura y un estilo de vida que no deseamos.
Cientos de miles de jóvenes estadounidenses, han perdido sus vidas para “Garantizar la democracia” en diferentes partes del mundo, lo hiso para detener al nazismo en Europa, al comunismo en Corea, Vietnam y otros países donde trato de instalarse, y lo ha hecho en la lucha contra el terrorismo islámico en Irak, Afganistán y otros países. Pero, porque tenemos que aceptar y permitir, que el terrorismo islámico nos arrebate el terreno ganado con tanto sacrificio e introduzca el terror en nuestra casa, +cuando tenemos los recursos y las fuerzas necesarias para aplastar a los terroristas, que amenazan con destruir a los Estados Unidos de América y todo el mundo y la cultura occidental.
Los países democráticos de occidente son fuertes y poderosos, pero tienen que despertar. Todavía están a tiempo de ganar la guerra que el islamismo radical les ha declarado, pero tienen que actuar rápido o la democracia tal y como la conocemos hoy, desaparecerá. No se trata de una alarma sin sentido, el peligro es real y crece día a día. En los EEUU y Europa, la población islámica crece a pasos notables, crecen sus barrios y mezquitas, se esparcen e imponen sus costumbres y cultos y poco a poco, van desplazando a nuestras tradicionales costumbres. Figuras que profesan el culto al islamismo escalan posiciones dentro de los más importantes centros de estudios universitarios, la política, la economía y la administración en los países occidentales. Algunos países han tenido que legislar leyes en benéfico de la creciente población islámica que los invade. El Islam no es una cultura que se adapta a las costumbres y leyes de los países que le abren sus puertas, estamos frente a una doctrina fanática e invasora, que viene a nuestra casa a imponer sus costumbres y dogmas, pero que no acepta las nuestras.
El islamismo radical no produce nada material en bien de la humanidad, no produce alimentos o bienes de consumo, sus habitantes son soldados de su fe y su trabajo es defenderla con las armas en la mano. Pero tienen armas sofisticadas, municiones, equipos de transporte de las marcas más conocidas y los modelos más modernos, equipos de comunicaciones sofisticados y absceso a las redes de comunicaciones para su propaganda proselitista, comercian petróleo en el mercado negro y cuentan con suficiente dinero para financiar su guerra de exterminio a occidente. ¿Quién les suministra y permite todo esto?, Son los países de occidente los que producen y tienen el control de la tecnología y los recursos que usa el terrorismo islámico. El mal lo tenemos dentro de nosotros mismos. Los poderosos poderes económicos mundiales por avaricia, están vendiendo al islamismo el futuro de sus pueblos, ponen en peligro la supervivencia de la democracia que dicen representar y sobre todo, están empujando la sociedad occidental al suicido social más deshonesto y humillante, que jamás ha conocido la humanidad en toda su existencia.
El mundo necesita urgente líderes con visión, capaces de entender la difícil situación por la que atraviesa el mundo occidental y los países que practican la democracia y actuar para protegerla. Líderes capaces de entender que las soluciones no son las de abrir espacio a los enemigos, comerciar con ellos y permitirles imponer su doctrina invadiendo nuestros países sin exigirles respetar nuestras leyes y costumbres. Necesitamos líderes que defiendan la democracia y la libertad por encima de todo, pero sin engaños ni sofismas que la pongan en peligro. Que entiendan de una vez, que los derechos de sus conciudadanos no se pueden negociar ni poner en peligro, que no se pueden ignorar y pisotear para servir a otras culturas.

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